Perder peso ganando salud

15.09.2016

Según la Encuesta Europea de Salud del año 2014 el 14,5% de la población española mayor de 18 años tiene obesidad. La obesidad se define como el aumento de las reservas energéticas del organismo en forma de grasa y tiene riesgos para la salud: aumenta la probabilidad de tener enfermedades cardiovasculares, metabólicas e incluso algunos tipos de cáncer.

Está claro que cuidar nuestro peso es cuestión de salud, por lo tanto, se trata de perder peso sin perder salud. Para ello debemos seguir una dieta individualizada y equilibrada que incluya todos los nutrientes. Deberíamos huir de dietas monográficas y de aquellas que excluyan algún tipo de nutriente, como por ejemplo las que eliminan los hidratos de carbono complejos (cereales, legumbres), ya que son necesarios para mantener los niveles de azúcar en sangre.

No hay que tener miedo a comer varias veces al día cuando se quiere adelgazar, es más, ingerir alimentos cada 3-4 h aproximadamente nos asegurará mantener los niveles de glucosa en sangre. Cuando el azúcar en sangre baja, sentimos hambre, y es entonces cuando nuestro apetito está "descontrolado". Además, el organismo debe registrar la orden de que hay comida para que deje de reservar energía.

Deberíamos plantearnos la dieta como un cambio de hábitos a mantener en el tiempo; de esta forma nuestro peso también se mantendría. El cambio de peso en repetidas ocasiones, por ejemplo, hacer dieta antes del verano para coger peso durante las vacaciones, es nocivo para el organismo y dificultará adelgazar en ocasiones posteriores. Además, la pérdida de peso supone un estrés para el cuerpo y esto provoca un aumento del requerimiento de nutrientes.

A la hora de adelgazar deberíamos tener en cuenta una serie de factores que pueden influir en la eficacia del tratamiento, como son el sueño y el estrés. Si no dormimos suficientes horas o la calidad del sueño no es buena tendremos más dificultad para adelgazar. Se ha visto que las personas que duermen menos horas tienen cambios en las hormonas que regulan el hambre: los niveles de leptina (reductora del apetito) son bajos, mientras que los de grelina (estimulante del apetito) son altos. Además, cuando dormimos poco los niveles de glucosa no están correctamente regulados.

El estrés provoca que nuestro cuerpo libere cortisol. La dieta es un estrés físico pero si además vivimos una situación de estrés (trabajo, familia, etc.), los niveles de cortisol aumentarán. Se ha observado que las personas con estrés crónico y niveles de cortisol elevados acumulan grasa en la zona abdominal. Por lo tanto, adaptar la alimentación para reducir el nivel de estrés o solucionar el insomnio es fundamental para adelgazar de forma sana y eficaz.